El pensamiento utópico, tal y como yo llegué a concebirlo, era pues lo opuesto al unilateralismo, el sectarismo, la parcialidad, el provincianismo y la especialización. Quien practicase el método utópico debía contemplar holísticamente la vida y verla como un todo interrelacioado: no como una mezcla azarosa, sino como una unión de piezas orgánica y crecientemente organizable, cuyo equilibrio era importante mantener -como en el caso de cualquier organismo viviente- a fin de promover el crecimiento y la trascendencia.

Lewis Mumford, 1962.

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